RECORDANDO A DAVID SHIRE EN EL MOSMA DE 2017, por José Belón de Cisneros. Fotografías de Antonio Belón de Cisneros.
Invocar el nombre de David
Shire implica hablar de un gran músico; también de un artista que tuvo mala
suerte. En los años setenta hizo algunas de las mejores bandas sonoras de la
década, pero siempre componiendo poca música para formaciones reducidas. Los scores de Perlham un-dos-tres, El Hindenburg
y Adiós muñeca apenas si rozan la
media hora de duración. Lo mismo vale para la introspectiva música de La Conversación. No tuvo las
oportunidades tan fenomenales de las que disfrutaron Jerry Goldsmith y John
Williams, siempre parapetados tras las impresionantes formaciones orquestales
que solían dirigir.
Es cierto que ganó el óscar en las postrimerías de los
setenta, pero no obtuvo un trato justo a lo largo de la siguiente década: el fracaso
comercial de Oz, un Mundo Fantástico
(Return to Oz, 1985) acabó con todas las posibilidades que tenía de ser
nominado por un trabajo tan maravilloso y de seguir componiendo para formaciones
orquestales a escala sinfónica.
David Shire vino a Málaga para dar un concierto y al
final dio dos. El seis de julio de 2017 concedió una entrevista donde se mostró
relajado y dio muestras de su extraordinaria educación y buen humor, comentando
toda clase de anécdotas acerca de sus partituras más conocidas. Recuerdo que
habló de la posibilidad que tuvo de ser nominado por La conversación, pero explicó que la extensión de la partitura no
era suficientemente larga como para que le incluyeran entre los cinco
nominados. Defendió a Walter Murch, director de Oz, un mundo fantástico, y recordó que tenía un portentoso oído
musical, ya que, mientras trabajaban en la película, Murch le pidió que
compusiera el tema de uno de los personajes, Calabaza Jack, para clarinete
bajo, pues los registros de la voz de dicho personaje chocaban con los del
clarinete alto cuando coincidían en pantalla. También hizo un interesante
paralelismo entre la trama de Zodiac
(su celebrada vuelta a la gran pantalla) con la Unanswered question de Charles Ives, pues toda la película, en
palabras de Shire, era “otra pregunta sin
respuesta”. Cuando acabó la entrevista, se ofreció amablemente a firmar los
discos que sus fans habíamos traído para ese menester. El siete de julio del 2017,
compartió los aplausos con Silvia Parejo, quien cantó sus mejores temas
vocales, acompañada por el compositor al piano.
En
1985, mis padres nos llevaron a Málaga, a mi hermano y a mí, para ver Oz, un mundo fantástico y la sorpresa
fue que la habían retirado de los cines porque no iba nadie. Nos quedamos sin
verla en pantalla grande. Así que el día ocho de julio de 2017 fue inolvidable.
Treinta y dos años después de su estreno fallido, pudimos escuchar en el Teatro
Cervantes una amplísima selección de temas de la película que, por fin, le hizo
justicia al veterano compositor, quien acababa de cumplir los ochenta años. La
forma en que estaba estructurado el concierto, muy bien dirigido por Deniz
Cordell y con la entrañable mujer de Shire, Didi, como narradora de un relato
libremente inspirado en la historia que cuenta la película, recordó al Pedro y el Lobo de Prokofiev, que es
también un cuento musical. Un hecho muy positivo porque, en su día, Shire afirmó
que le hacía ilusión componer una especie de cuento narrado por la orquesta y
no una simple sucesión de cortes musicales que no tuviesen nada que ver el uno
con el otro.
Dicho
y hecho: después de tres temas maravillosos espléndidamente interpretados y pertenecientes
a Max Dugan Returns, Perlham un-dos-tres y Fiebre del Sábado Noche, le tocó el
turno a Oz, un Mundo Fantástico. Y se
demostró por qué es un clásico para los aficionados a las bandas sonoras: por su
mezcla de inquietud, amenaza y melancolía, transidas de una agitada belleza. El
concierto reveló que la música, al igual que la película, no es solo una
acongojada y estremecedora visión de la fantasía infantil, sino que temas como
el de The flight of the Gump o la Rag March están llenos de alegría. La
orquesta se portó fenomenal y bordó temas como los citados, por no mencionar los
End titles, el scherzo para las cuerdas de The
Ride to Doctor Worley´s y el momento –casi una epifanía- en que Dorothy se
da cuenta de que ha llegado a Oz.
Por
todo ello, hay que felicitar al Teatro Cervantes, a la Delegación de Cultura de
Málaga, a David Doncel Barthe, a Juan Antonio Vigar y al director de orquesta
Arturo Díez Boscovich (alma mater del
feliz acontecimiento) por lograr que Shire haya venido a Málaga y que tocase su
música para nosotros. Él se lo merecía. Nosotros, también.
Nota: El autor quiere agradecer a su hermano Antonio que tomara unas fotografías tan espléndidas como las que se han incluido en el artículo.

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